Sueño beliceño cumplido en El Salvador

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Evelyn Stewart, desde sus 32 años,  viaja a El Salvador vendiendo artesanías propias de su cultura beliceña. Su preferencia por el territorio salvadoreño no se debe simplemente por las ganancias de cada venta, sino, más bien, por la calidez y aceptación con la que la recibe cada ciudadano.

Por Daniella Castro

A lo largo de las cuadras que del Paseo el Carmen en Santa Tecla, un negocio llama la atención de los visitantes. Entre ventas de pupusas, atol, café y demás se encuentra Evelyn Stewart, una beliceña de 50 años que transmite su cultura por medio de sus artesanías.Su apuesta por el turismo  del país es gracias al buen recibimiento económico que ha tenido desde su primera visita. Su decisión de pisar tierras salvadoreñas no ha sido en vano.

Solo el sector turístico  representó el 4.5% del PIB del 2015 y una inversión de más de 15 millones durante el 2016. Desde 1999, Evelyn ha recorrido distintas ferias y pueblos salvadoreños ofreciendo no solo sus productos, también un trato efusivo, alegre y  cercano que la caracteriza como mujer.

Sus inicios fueron sencillos, solo contaba con un pequeño estante de madera. “No tenía color ni gracia”, comentó. Pero su esfuerzo y ganas de salir adelante han sido clave para que ahora cuente con dos mesas repletas de sus creaciones.

De viernes a domingo su rutina es la misma, viajar desde Lourdes hasta Santa Tecla para un nuevo día de trabajo.El resto de la semana cambia a su faceta de estilista. Visita la casa de sus clientes ofreciéndoles cualquier tipo de peinado. Desde los clásicos de trenzas hasta los más extravagantes inspirados en Madonna. “Su creatividad es una de las cosas que me enamoró de ella. Siempre se le ocurre algo nuevo para hacer”, dijo Mateo Gómez, su actual pareja.

Evelyn forma parte del 66% de la población con trabajos dentro del sector informal salvadoreño, cifra publicada el año pasado por la Organización Internacional de Trabajo (OIT). Sin embargo, esta categorización es por elección propia. Por un período de tiempo, Evelyn regresó a su país a laborar como profesora de inglés. Era una maestra eficiente pero nunca amó su profesión. “Un día decidí no regresar, me sentía encadena […] Yo nunca he estado presa y no lo voy a estar”, declaró.

Desde que comenzó, sus ingresos no han sido fijos, en su mejor noche gana aproximadamente $80. Diferencia considerable a comparación de lo que ganaría laborando como maestra en El Salvador, donde su salario rondaría en los $300, gracias al último aumento aprobado por la Asamblea Legislativa durante el presente año.

Los productos que ha creado actualmente para su venta los valora alrededor de $2,800, con ello piensa generar entre 6 mil a 7 mil dólares. Sin embargo, no tiene un período establecido en el que pretenda conseguir esta ganancia. Sobre todo, porque cambia sus precios noche tras noche. “Un collar puede costar $3 pero si el cliente lo duda, puedo rebajarle hasta el dólar. No me interesa venderlo caro, el punto es que la persona se lleve algo de mí”, expresó Evelyn.

Sin embargo, su negocio no es su mayor logro, más bien es lo que ha conseguido a través de él. Evelyn pudo darle el estudio a sus tres hijos a partir de la venta de cada collar, pulsera o blusas que ella misma teje. “Vine a El Salvador porque es un lugar de oportunidades. Gracias a este país pude salvar a mis hijos y darles educación”, afirmó0. Ahora, cuenta con orgullo como sus hijos trabajan en uno de los hoteles más importantes de la Isla Utila, cerca de Belice.

Su regreso a la venta de artesanías, luego de abandonar la enseñanza, fue inevitable. Ahora viaja por todo el país intercambiando su cultura, conociendo nuevos lugares y conviviendo con nuevas personas. A su edad ya no considera dedicar su tiempo a algo que no sean sus dos amores, las artesanías y Mateo.

Para Evelyn, la posible estabilidad económica gracias a  un trabajo formal no puede compararse al sentimiento de libertad que le da el poder manejar su propio negocio. Esto es exactamente lo que sueña con heredarles a las esposas de sus hijos, un estilo de vida, no un bien. “Quiero enseñarles a emprender sus propias ideas. Para mí, nadie debe de estar encadenado a un jefe”, afirmó. En un futuro, luego de  visitar Centro América, espera tener el capital suficiente para abrir, junto con Mateo, su propio local de artesanías y establecerse de forma permanente en El Salvador.

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