El estrés estudiantil en la era del 2000: una enfermedad más

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Por: María Joseé Alfaro Fonseca

Hace poco me encontraba en una situación agobiante para mi estabilidad emocional: tenía problemas en el trabajo, mis calificaciones en la universidad ya no eran las mismas, en mi casa todo marchaba normal pero, siempre es prioridad y mis actividades extra curriculares como los grupos de iglesias, de deporte o de ocio se estaban saliendo de control porque no encontraba un espacio para darle tiempo a cada una. A esto se le suma las relaciones interpersonales, pero me quiero enfocar únicamente en lo expuesto anteriormente.

Tenía seis cosas dando vuelta en la cabeza: trabajo, universidad, grupo religioso de niños, comunidad, grupo de baile y casa. De todas ellas la que más ocupaba espacio en mi cabeza durante el día era la universidad. Aún cuando todo estaba en equilibrio y la aguja de la balanza está en 50, pero si el factor universidad está mal, todo lo demás también está mal. Tal situación me hizo plantear las siguientes preguntas ¿Por qué el área académica me genera tanto estrés? ¿Qué sucede que si ese factor está en desequilibrio lo demás también?

La mayoría de teorías y estudios como el de “Estrés Académico” de Nathaly Berrío, “Estrés Estudiantil: un estudio desde la mirada cualitativa” de B. Ahumada y “Estrés en los estudiantes” de Nadia Avelar indican que, el tiempo es un factor clave. La escasa organización y distribución de este por parte de los estudiantes en las actividades del día a día -una teoría muy acertada a mí parecer-.

No obstante, hasta la fecha no he encontrado ningún estudio o investigación que tome en cuenta el factor de la época en que estamos. A comparación de la educación de antes en donde el maestro llegaba a exponer la clase, copiaba con yeso en la pizarra, dejaba tareas y todos parecían robots aprendiendo lo mismo, con el mismo procedimiento; el aprendizaje de ahora depende más de lo que el alumno busque y esto demanda tiempo.

Ya no nos podemos quedar con lo que nos dan en clase porque con el internet hay un sin fin de enfoques, opiniones, estudios y teorías sobre un mismo tema. La información ahora es ilimitada y es un arma de doble filo. Ante esto, si como alumna milenial que tengo computadora y acceso a internet no estoy preparada para cuando el maestro hace las preguntas en clase sobre el tema, es porque “no he estudiado”. Entre menos respuestas hay para estas preguntas, más es el nivel de estrés del estudiante según los estudios.

Por otro lado, está la sociedad en general. Si no se tiene título o un papel que haga constar que el alumno estudió Ciencias Jurídicas en la Universidad X, difícilmente se podrá encontrar un trabajo. Es decir, se estudia no por aprender, sino porque sin un título no se consigue trabajo y sin trabajo no hay dinero para mantenerse.

Para aquellos a los que el estudio no se les da y su sueño va más allá de tener un papel en manos que acredite que sí estudió para poder trabajar, es una situación complicada. Como sociedad se somete al alumno a estrés cuando no se deja en libertad su decisión de qué quiere ser en la vida. Cuando es así, se tiene a un alumno desinteresado, sin ánimos de aprender, con muchos vacíos y distracciones que no lo van a dejar avanzar: malas calificaciones, mala actitud, marginación de parte de los compañeros, etc. Esto genera estrés y ansiedad, según Nadia Martínez en su estudio “El estrés en los estudiantes” y puede llevar a un estado inmenso de depresión.

Si bien vivimos en una época en donde quizá tenemos más recursos para ser buenos profesionales, aprender sin límites y tener éxito, pero no todos nacen para ser un doctor o un abogado, tampoco significa que si aún con esos recursos el estudiante se tarda más años en graduarse de la universidad es porque es de aprendizaje lento. La respuesta en mi opinión ante esto es porque hay aún más cosas que demandan tiempo y no solo la universidad. Con tal de satisfacer lo que la sociedad impone tratamos de hacer todo a la vez. Esperan grandes profesionales como si fueran héroes. Hay más manos que ayudan y más mentes que piensan sin tener un título, que aquellos que sí.

En el estudio del “Estrés académico” se menciona que, uno de cada cuatro individuos sufre de algún problema grave de estrés y que la mayoría de estos problemas desemboca en enfermedades cardíacas. Estoy segura que si diéramos menos presión y más libertad habrían menos estudiantes estresados y más que se exigirían esfuerzo porque aman lo que hacen y no porque la sociedad lo impone.

 

 

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